Sostenernos unos a otros en nuestra vocación misionera – Mensaje del Superior General

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES PAULINOS DIFUNTOS - 6 de noviembre de 2026

Sostenernos unos a otros en nuestra vocación misionera

El primer viernes de noviembre recordamos a todos aquellos que han formado parte de nuestra familia paulina aquí en la tierra y que ahora están con nuestro Padre Celestial. Es una celebración de sus vidas y del modo en que nuestro carisma paulino los acompañó en su camino de fe.

En los últimos meses, hemos estado recordando y redescubriendo a nuestro hermano mayor en la familia paulina: el hermano José Caruana. En él vemos el florecimiento de una semilla sembrada a través de nuestro Fundador, una semilla que ha dado fruto abundante.

Al conocer más sobre el hermano José y las dificultades que enfrentó, podríamos sentirnos desanimados o avergonzados al vernos abrumados por desafíos mucho menores. No debemos dejarnos arrastrar por estos sentimientos, que son obra del Maligno que busca atraparnos en la desesperación. En su lugar, abracemos con alegría nuestra propia vocación y saquemos fuerzas del ejemplo de hermanos y hermanas como el hermano José, agradecidos de que formen parte de nuestra familia paulina.

Me encanta la imagen que utiliza San Francisco de Sales al hablar de la Iglesia. La compara con un jardín lleno de «flores de diferentes tamaños, colores, fragancias… [que] logran una bellísima perfección en la reunión de su rica variedad». La misma imagen se aplica a nuestra familia paulina. No existe una única forma de ser misionero paulino; más bien, nuestra particularidad nos enriquece y complementa a todos.

Para dejarnos inspirar verdaderamente por el hermano José o por cualquier otro miembro de nuestra familia, debemos reflexionar sobre cómo encarnar en nuestras circunstancias diarias los valores que ellos irradiaron. San Francisco de Sales compara también este apoyo mutuo en la fe con una abeja que realiza la polinización cruzada entre las flores de un jardín. Nos inspiramos mutuamente a través de la fidelidad a nuestras vocaciones específicas, confiando en que la fidelidad de Dios es mucho mayor que la nuestra y que Él nos concederá todas las gracias que necesitemos.

El significado de este apoyo mutuo es especialmente evidente cuando una vocación sostiene a otra, como se ve en la relación entre el hermano José y nuestro Fundador. Aunque nuestro Fundador no fue llamado a servir directamente en la misión fuera de su país, fue fundamental para cultivar la vocación misionera del hermano José. A su vez, a medida que el hermano José envejecía y le resultaba más difícil responder a las exigencias físicas de la misión, comenzó a mantener correspondencia con su sobrina en Australia, guiándola a medida que su proceso de discernimiento la llevó a unirse a las Hijas de San Pablo. No todos estamos llamados a ser misioneros en primera línea, predicadores directos de la Palabra o fundadores de comunidades cristianas. Sin embargo, todos estamos llamados a apoyar a quienes lo son, y al mismo tiempo proclamamos a Cristo a nuestra familia, colegas y amigos a través de nuestras interacciones diarias.

Quiero reafirmar especialmente a quienes han sido llamados a vivir nuestro carisma paulino en el contexto de una familia. En la familia existe un profundo llamado a nutrir la vida de los demás, haya o no hijos presentes. Esta interesante entrevista ofrece valiosas reflexiones sobre este tema (puedes seleccionar la pista de audio en español en el icono de ajustes de YouTube):

Yendo un paso más allá, reflexionemos sobre cómo cada uno de nosotros puede alimentar la vocación misionera en quienes nos rodean. ¿Cómo podemos, quienes estamos llamados a formar una familia, apoyar a nuestro cónyuge e hijos para que sean proclamadores de Cristo en sus entornos? ¿Cómo podemos, quienes estamos llamados a ser misioneros paulinos consagrados, sostenernos mutuamente en el vivir nuestra vocación misionera en lugar de centrarnos únicamente en nuestros ministerios individuales? Así como nuestro Fundador apoyó al hermano José y como, a su vez, el hermano José lo hizo también con su sobrina, ¿cómo podemos impulsar a otros que están trabajando activamente para edificar el Reino de Dios?

Cultivemos todos este corazón paterno y materno —tan central tanto para De Piro como para el hermano José— para que los demás se sientan verdaderamente respaldados y sostenidos al vivir su vocación misionera.

Su hermano
P Martin Galea mssp

Superior General

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